El desarrollo infantil: importancia de los primeros años de vida
- 10 oct 2017
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Los primeros años de la vida son fundamentales para el desarrollo del niño. El seguimiento del desarrollo durante esos años es de máxima importancia, ya que, en esa etapa, el sistema nervioso crece y se desarrolla como en ningún otro momento de la vida y presenta gran plasticidad neuronal. La plasticidad neuronal representa la facultad del cerebro para recuperarse y reestructurarse, este potencial adaptativo del sistema nervioso permite al cerebro reponerse de trastornos o lesiones, y puede reducir los efectos de alteraciones estructurales producidas por diversas patologías. Por este motivo, resulta muy vulnerable a los factores externos nocivos, así como sensible a las intervenciones terapéuticas. Por ello, la intervención temprana repercute en un mejor pronóstico para el niño con dificultades y en beneficio de la calidad de vida de su familia.
Se define a los “trastornos del desarrollo” como un conjunto de entidades crónicas que se manifiestan en los primeros años de la vida, determinadas por alteraciones (funcionales y/o estructurales) del sistema nervioso central (SNC). Se caracterizan por una dificultad en la adquisición de hitos motores, de lenguaje, sociales o cognitivos que provocan un impacto significativo en el desempeño de un niño.
Los trastornos del desarrollo constituyen un problema frecuente en la práctica pediátrica. En países del hemisferio norte, el 15% de todas las consultas pediátricas se deben a preocupaciones sobre el desarrollo o el comportamiento. La prevalencia estimada de los trastornos del desarrollo en países desarrollados es de 16% a 18% (el 90% constituyen discapacidad intelectual, problemas de aprendizaje o del lenguaje). Esta cifra aumenta a 22% si se incluyen problemas de la conducta.
Los pediatras tenemos una posición privilegiada durante los primeros años de la vida de la mayoría de los niños, ya que los vemos con frecuencia, y contamos con la confianza de la familia. Esto nos permite realizar el seguimiento del desarrollo con el fin de promocionar la salud integral, prevenir nuevos problemas y detectar oportunamente trastornos del desarrollo.
Algunas acciones destinadas a promover el desarrollo normal son:
• Favorecer el apego madre-hijo.
• Fortalecer factores protectores: lactancia materna, lectura de cuentos, reducir el tiempo de exposición a las pantallas, promover el juego, facilitar la progresiva autonomía, etc.
• Promover habilidades de crianza en los padres o cuidadores.
• Recomendar el acceso del niño a la educación preescolar y escolar.
• Promover el control del embarazo (prevención de la prematurez, la anemia, la hipertensión gestacional, la diabetes, etc.).
• Asegurar la vacunación completa del niño y la familia. Ejemplo: prevención de rubeola congénita.
• Administrar ácido fólico a adolescentes y mujeres en edad fértil (prevención de alteraciones del cierre del tubo neural).
• Capacitar a los profesionales y a la familia para la prevención de accidentes.
• Generar acciones de apoyo en grupos de alto riesgo social.
• Reforzar aspectos ambientales que resulten estimulantes para el niño: posicionamiento adecuado (postura en supino para dormir y en prono en la vigilia), hábitos de lectura y juego.
• Promover la prevención del embarazo no deseado en la adolescencia.
La detección oportuna de los trastornos del desarrollo se asienta sobre el concepto de “vigilancia”, la cual debe ser llevada a cabo por el pediatra. Consiste en poner en práctica una serie de acciones destinadas a detectar oportunamente a los niños en riesgo de (o “con sospecha de”) padecer problemas del desarrollo. Detectar oportunamente a los niños en riesgo redundará en una serie de beneficios, entre los que se encuentra una mejor respuesta a los tratamientos instalados.
Una de las tareas más importantes del pediatra es definir el riesgo al que el niño examinado está expuesto. Se define “riesgo” a la probabilidad de sufrir un problema del desarrollo.
Se pueden establecer tres categorías de riesgo:
1) Riesgo medioambiental.
Los factores de riesgo ambiental que se encuentran repetidamente en todos los estudios son los siguientes:
• Estatus socioeconómico desfavorecido.
• Analfabetismo o bajo nivel de instrucción materno.
• Escasa interacción padres-hijos y pobre estimulación en el hogar.
• Madre adolescente (dependiente del contexto).
• Familia desintegrada, padres ausentes o enfermos, alcoholismo, enfermedad mental, violencia familiar.
• Falta de acceso a servicios de salud y redes de protección social.
• Eventos familiares estresantes.
2) Riesgo biológico.
• Bajo peso al nacer (retardo de crecimiento intrauterino o nacimiento pretérmino).
• Exposición a toxinas fetales.
• Asfixia al nacer o asistencia respiratoria mecánica prolongada, displasia broncopulmonar, enterocolitis necrotizante, cardiopatía congénita, hiperbilirrubinemia.
• Retardo en el crecimiento en el primero o segundo año de vida.
• Infecciones del SNC.
• Desnutrición.
• Déficit sensorial (hipoacusia o baja visión).
3) Riesgo mixto: cuando se asocia más de un factor.
Las preocupaciones acerca del desarrollo infantil son motivo de consulta frecuente en la práctica pediátrica. Se sabe que el abordaje precoz de los problemas de desarrollo mejora el pronóstico de gran parte de los niños afectados. Los trastornos del desarrollo son patologías complejas y el pediatra debe trabajar en equipo para poder abordarlas y acompañar en el rol de médico de cabecera de los niños.






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